El poeta Miguel Hernández nació en Orihuela en 1910 . De familia humilde, compaginó la escuela con el trabajo como pastor. Atraido por los libros, consiguió una sorprendente formación literaria. Entre sus poemarios destacan “El rayo que no cesa”, ” Viento del pueblo” y “Cancionero y romancero de ausencias”. Durante la Guerra Civil participó como soldado al lado de la República. Miguel Hernández murió en la cárcel de Alicante en 1942.
Incluímos aquí fragmentos de la Elegía al guardameta, dedicada “A Lolo Sampedro, joven en la portería del cielo de Orihuela”. Esta elegía es uno de los primeros poemas escritos por Miguel Hernández.
Incluímos aquí fragmentos de la Elegía al guardameta, dedicada “A Lolo Sampedro, joven en la portería del cielo de Orihuela”. Esta elegía es uno de los primeros poemas escritos por Miguel Hernández.
Miguel Hernández, de jovenElegía al guardameta
Tu grillo, por tus labios promotores,
de plata compostura,
árbitro, domador de jugadores,
director de bravura,
¿no silbará la muerte por ventura?
En el alpiste verde de sosiego,
de tiza galonado,
para siempre quedó fuera del juego,
Sampedro, el apostado
en su puerta de cáñamo anudado.
Goles para enredar en sí, derrotas,
¿no la mundial moscarda?
que zumba por la punta de las botas,
ante su red aguarda
la portería aún, araña parda.
( ...)
Combinada la brisa en su envoltura
bien, y mejor chutada,
la esfera terrenal de su figura
¡cómo! fue interceptada
por lo pez y fugaz de tu estirada.
Te sorprendió el fotógrafo el momento
más bello de tu historia
deportiva, tumbándote en el viento
para evitar victoria,
y un ventalle de palmas te aireó gloria.
Y te quedaste en la fotografía,
a un metro del alpiste,
con tu vida mejor en vilo, en vía
ya de tu muerte triste,
sin coger el balón que ya cogiste.
Fue un plongeón mortal. Con ¡cuánto! tino
y efecto, tu cabeza
dio al poste. Como un sexo femenino,
abrió la ligereza
del golpe una granada de tristeza.
( ... )
Ya no pones obstáculos de mano
al ímpetu, a la bota
en los que el gol avanza. Pide en vano,
tu equipo en la derrota,
tus bien brincados saques de pelota.
A los penaltys que tan bien parabas
acechando tu acierto,
nadie más que la red le pone trabas,
porque nadie ha cubierto
el sitio, vivo, que has dejado, muerto.
( ... )
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